domingo, 29 de septiembre de 2013

Turista: La libertad que brinda la naturaleza es la puerta de entrada a la felicidad

Como turistas, la ciudad nos impone ciertas conductas que están determinadas por su infraestructura. Buscamos un museo, un bar, un monumento o una calle en particular, sobre la base de la información que encontramos en guías impresas, Internet, o por recomendación de algún guía o amigo. 


En la naturaleza, en cambio, esas referencias no abundan; y si existen, no nos resultan de gran ayuda. Necesitamos carteles, senderos marcados, algunas señales para evitar extravíos, información sobre distancias, datos históricos, etc. Pero el resto nos parece todo igual. De hecho, somos incapaces de orientarnos tomando como referencia un árbol, o una huella marcada sobre la arena húmeda, como hacen las poblaciones que viven en estrecho contacto con la naturaleza.

A diferencia de la ciudad, donde hay referencias y ciertas reglas a cumplir, en la naturaleza podemos hacer lo que nos de la gana. Necesitamos personas que trabajen como guías para recorrer caminos poco visibles, o para aprender sobre la naturaleza desde un punto de vista científico. Pero para cualquier otra actividad, somos completamente libres. Y no siempre sabemos qué hacer con esa libertad.

Algunas personas contratan gurúes para hacer retiros espirituales en la naturaleza, para meditar o hacer sesiones de sanación, reconexión, etc. Sin embargo, muchas de estas actividades ocurren casi de un modo espontáneo cuando estamos en contacto con la naturaleza. Nos cuesta sumergirnos en ellas simplemente porque la paz que encontramos en la naturaleza nos desorienta. 

Para practicar meditación, por ejemplo, lo único que necesitamos en realidad es abandonar por un instante nuestra compulsión por anticipar el futuro, y por recordar el pasado. Y el mundo natural es un excelente contexto para ello. 


Con frecuencia nos aburrimos en la naturaleza porque estamos desacostumbrados a no tener nada concreto que hacer. En la vida cotidiana nos llenamos de “obligaciones”, que van orientando nuestra actividad en la ciudad. Cuando tenemos tiempo ocioso, miramos vidrieras de tiendas, televisión, o tomamos un café con amigos. En la naturaleza, en cambio, esas opciones están ausentes.



 Estamos solos con otras formas de vida. Estamos solos con nosotros mismos. Y no estamos acostumbrados a mirarnos en el espejo de la vida natural, que nos rodea silenciosamente y nos lleva a preguntarnos quiénes somos…
Esa libertad que brinda la naturaleza es la puerta de entrada a la felicidad, a la elección no sólo de qué hacer, sino también de cómo utilizar creativamente el escenario que nos tiende ese ambiente prístino.

La naturaleza es una invitación a elegir, y a disfrutar. De algún modo, el mundo natural nos reconecta con nuestra esencia espiritual. Y para lograr esa reconexión sólo necesitamos abandonar por un instante la búsqueda frenética que acometemos con locura día tras día, por la cual perseguimos en vano algo que no sabemos bien qué es, ni para qué lo queremos…

Articulo de Jorge Guasp que hemos considerado muy interesante  compartir con vosotros
Jorge Guasp es Técnico Forestal. Master en Gestión Ambiental. Coach Ontológico.
Tengo experiencia en turismo de naturaleza y educación e interpretación ambiental, especialmente en áreas naturales protegidas. Mi interés principal es la educación destinada a lograr procesos de cambio interno en los visitantes, a fin de que tengan una experiencia satisfactoria, y aprendan sobre la naturaleza y sobre ellos mismos.


1 comentario:

Jorge Guasp dijo...

Gracias por compartirlo.
Saludos, Jorge Guasp